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León Tolstói afirmaba que “el que ayuda a los demás se ayuda a sí mismo”. El origen de muchas historias de solidaridad es una buena forma de comprobar la tesis del novelista ruso. En ocasiones, los grandes emprendimientos de ayuda social son el resultado de una crisis personal, un duelo u otra situación dolorosa. En Buscavidas repasamos tres casos de argentinos que, a partir de este tipo de situaciones, encontraron una vocación.

La cura milagrosa del amor de los niños

Ricardo Godoy llegó a pensar en lo peor. Creyó que la glomerulonefritis -una enfermedad muy poco frecuente- que lo tenía en completo reposo marcaría el final de su existencia. Pensó que, por este mal que le hacía perder una proteína al orinar, concluiría su vida tan ligada al fútbol, deporte que jugó como profesional hasta los 30 años y que lo llevó a recorrer el mundo como entrenador.

Su cura, dice, fue milagrosa. Y comenzó cuando desde Mali, a muchos miles de kilómetros de su residencia en España, un grupo de chicos humildes y futboleros, se enteraron por un conocido común la situación de Ricardo. Y comenzaron a rezar por él y mandarle mensajes de aliento. Él respondió con algo más que un “gracias”. Lo hizo con solidaridad.

“Si quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos caminemos juntos”

(proverbio africano)

Mensajes que lo conmovieron y lo hicieron prometer que, si se curaba, buscaría la forma de ayudarlos. Se curó y cumplió su promesa de la forma que más sabía: con el deporte. Apadrinó una escuela de fútbol e impulsó la construcción del Complejo Deportivo y Cultural Ricardo Godoy en la ciudad de Kati. Así, ayuda a los chicos no solo a formarse mediante el deporte, sino también mediante actividades sociales y cursos escolares.

El grito de la empatía

Fátima Heinze salió de aquel sanatorio de la ciudad entrerriana de Paraná con una certeza: no quería que nadie que compartiera su enfermedad, la fibrosis quística, volviera a vivir lo que ella vivió. Acababa de pasar tres semanas internadas por una recaída ocasionada por la enfermedad que llevaba desde los ocho años. Y padeció la ignorancia de los médicos que debieron atenderla de urgencia: desconocían por completo las implicancias de su problema.

A partir de este episodio, Fátima encontró la forma de sacar algo de la solidaridad que lleva dentro de sí. Creó una página de Facebook que pedía a gritos empatía: “Alguien como yo FQ”. Un espacio virtual que pronto se convirtió en una ONG. La misma hoy ayuda a 40 personas que padecen la enfermedad en su provincia a partir de concientización, capacitación y asesoramiento. Y en la que también promueve la donación de órganos. Ella, como muchos de los que sufren de fibrosis quística, debió recibir un trasplante bipulmonar.

Mate sin trabajo infantil

Patricia Ocampo lucha para erradicar el trabajo infantil en la producción yerbatera de Misiones, principal productora de Argentina. Desde 2013 pelea por ese objetivo y ha sumado más de 120 mil firmas entre dos proyectos de change.org. El objetivo es exigir al Ministerio de Trabajo un sistema de certificación de yerba mate sin trabajo infantil.

No es casual la solidaridad de Ocampo para con los niños. Patricia sabe cómo sufren al ser llevados, junto a sus padres, a trabajar en condiciones de explotación en yerbales. Ella tenía tres años cuando fue por primera vez a una de las plantaciones misioneras, ubicada a varios kilómetros de Oberá, donde vivía. Al poco tiempo, sus padres consiguieron trabajos que le permitieron abandonar este modo de vida. Pero recién en 2013 un accidente despertó en Patricia los deseos de hacer algo concreto por parar esta realidad. Fue una tragedia: Fernando, un chico que viajaba junto a su padre a un yerbal, murió en un accidente en la ruta. Desde entonces, nació “Un Sueño para Misiones”, con el lema: “Me gusta el mate sin trabajo infantil”.

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