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Es posible que de puro viajar, de entrar en contacto ciudad tras ciudad con los circuitos turísticos, los Hop-on Hop-Off, los anuncios, los guías, las agencias, los paquetes, los vuelos baratos, es posible, casi inevitable, que uno comience a sospechar.

¿De qué? En un comienzo es difícil de explicarlo, la torre Eiffel, finalmente allí, maravillosa como es, no deja profundizar en esos pensamientos, los museos y los cafés; después el Anfiteatro Flavio, en Roma, después el Cristo Redentor, Machu Picchu, La Gran Muralla, el Taj Mahal. Y finalmente, nuevamente al hotel.

Pero hay algo. Recorriendo mentalmente las imágenes de la semana uno empieza a adivinar en las miradas de los locales, cierto desprecio benevolente, cuidadoso, entonces puede ocurrir en la calma de la habitación y con los pies para arriba para curarlos de la fatiga muscular, que la sospecha se intensifique, hasta cierto punto en el que, tal vez mirando mentalmente hacia atrás nuestro, se materialice en un descubrimiento. El desprecio es justificado, formamos parte, a pesar nuestro, de una masa interminable de turistas, de coleccionistas de fotografías.

Entonces, la sospecha de que existe otro mundo, el mundo real, detrás de la bambalinas preparadas para recibirnos allí donde viajamos se hace evidente, y el descubrimiento, -como todos los descubrimientos- no tiene vuelta atrás.

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Llegado este punto nos volvemos mas sofisticados, o mas sencillos. Podemos resolver escapar de esa masa inagotable de  turistas, dispuestos a sacar todos la misma foto, escapando por caminos exclusivos, dispuestos con el propósito hacernos invisibles el flujo interminable de curiosos de Lonely Planet, o podemos volvernos sencillos, en un rapto de locura aparente, desviarnos una cuadra, dos cuadras, ¡hasta tres cuadras! de la Fontana di Trevi, y descubrir en una calle cualquiera, la vida, la vida real, en Roma.

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Ese es el tipo, no ya de turismo, sino de cultura viajera, que nos transmite Altaïr Magazine. En sus propias palabras:

contenido innovador, emancipado de los esquemas tradicionales, que conjuga reportajes, crónicas, entrevistas y documentales

Hay tiempos y lugares para todos. Es necesario ser un turista, tener nuestra foto en Chichén Itzá, en Petra, en Angra. Pero es enriquecedor descubrir que después de eso, hay otra forma de viajar que no involucra pasajes en primera clase, ni Waldorf Astorias, sino a veces tomarse un bus urbano, salir a caminar por el barrio, o sentarse en un bar cualquier a tener una charla con un desconocido en el lenguaje universal de las señas y la camaradería.

Si te gustan las crónicas de viajes y esa otra forma de conocer el mundo, podés perderte (pero no te recomiendo) Altaïr Magazine, tanto sus crónicas de acceso libre, como su versión paga impresa o digital. Excelentes cronistas, excelente sitio y una interesante perspectiva, de España, con amor.

¡A viajar!

Altaïr Magazine (Facebook, Mapamundi de Altaïr)

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